No soy un ferviente seguidor de Christopher Nolan, aunque admiro su trabajo como director, a veces enreda tanto sus tramas que parecen más complicadas de lo que son en realidad. Aun así, lo considero uno de los mejores cineastas modernos. Su sello distintivo se percibe en cada película, independientemente del género que aborde. Alejándose por completo del producto prefabricado para tener un éxito arrollador. Por eso, sus obras siempre me han intrigado, y por supuesto, "Oppenheimer" no es la excepción.
Me tomé un tiempo para sentarme a ver la película. Sé que tuvo un lanzamiento masivo y coincidió, de manera curiosa, con el fenómeno del verano llamado "Barbieheimer", dos películas radicalmente distintas que capturaron la atención del público, como dudo que volvamos a ver nunca.
¿De qué trata "Oppenheimer"?
Es evidente que nos encontramos ante un biopic sobre uno de los principales artífices de la bomba atómica y cómo se gestó este evento histórico.
Inicialmente, pensé que se limitaría a narrar la creación de la bomba y su devastador impacto en Hiroshima y Nagasaki. Sin embargo, va más allá. No solo abarca este aspecto, sino que también explora las repercusiones sociopolíticas que enfrentó Oppenheimer tras el explosivo éxito de "su obra".
Una historia intimista contada a lo grande
Si algo caracteriza a Nolan es su aversión a lo discreto. Le gusta destacar y en este caso no es la excepción. A pesar de tratarse de una historia profundamente personal que se centra en la figura de Oppenheimer, la película rezuma grandeza y potencia en cada fotograma. Los primeros planos y planos cortos abundan, atrayendo la atención del espectador.
El papel de Cillian Murphy como J. Robert Oppenheimer es uno de los mayores aciertos de la película. Su interpretación es espectacular, logrando dominar la pantalla incluso en los momentos más silenciosos, donde su mera presencia habla por sí sola.
Particularmente impactante es la segunda mitad del filme, donde se percibe claramente la lucha interna del personaje, sus dilemas morales frente a lo que ha desencadenado. No se nos presenta como un héroe, sino como un individuo lleno de claroscuros, especialmente en un final que juega con la ambigüedad de sus motivaciones.
Nolan tiene la costumbre de rodearse de elencos excepcionales y esta película no es la excepción. A lo largo de la trama desfilan estrellas, siendo notable la actuación de un irreconocible Robert Downey Jr. en uno de los papeles más destacados, donde demuestra su versatilidad como actor, llevando a cabo un papel mucho más complejo de lo que aparenta.
Si bien la película sobresale en el aspecto artístico, el técnico no se queda rezagado en ningún momento. A diferencia de películas como "Interstellar" repletas de efectos especiales deslumbrantes, Nolan demuestra su maestría visualmente, cargando escenas con gran potencia, especialmente al enfocarse en los ojos de los protagonistas.
No presenciamos imágenes del ataque a Hiroshima ni explosiones espectaculares, pero no se echan de menos. Nolan no necesita fuegos artificiales para crear escenas impactantes. El discurso de Oppenheimer tras la explosión en Hiroshima, su tormento emocional, se transmite en pantalla mediante sutiles pero impresionantes efectos visuales y un uso magistral del sonido.
Lo mismo ocurre en el test de Trinity, donde el silencio resulta más impactante que cualquier imagen de una enorme bola de fuego.
Con una duración de 3 horas divididas en 3 actos bien definidos, la película explora el camino de Oppenheimer hacia la investigación, el proceso de creación de la bomba y finalmente las consecuencias tanto personales como políticas en un mundo convulsionado por conflictos internacionales.
Para muchos, la última parte resulta la más lenta y prescindible, alargando la película innecesariamente. Sin embargo, personalmente, considero que es la más fascinante. Se centra en Lewis Strauss, interpretado por Robert Downey Jr., y se desarrolla a través de diálogos entre personajes, con un constante juego de imágenes en blanco y negro que Nolan utiliza para separar visualmente a los dos protagonistas. Creo sinceramente que sin esta sección, la película carecería del significado que Nolan pretendía darle, una reflexión sobre la creación de la bomba atómica y su complejo contexto político y social.
Para mí, la bomba atómica es solo un telón de fondo en la película. Sirve como un mero símbolo para representar la sociedad de aquel momento y todo lo que desencadenó en el ámbito político y social, convirtiéndose no solo en un logro impresionante de la humanidad, sino también en su momento más oscuro y trágico.
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